Es curioso que quien tras sufrir un accidente de tráfico en el que perdió los pies, acabara corriendo sin ellos mucho más rápido de lo que que lo había hecho nunca. Que quien se especializase dentro del atletismo adaptado en pruebas rápidas de velocidad, fuera todavía mucho mejor, fuera de las pistas, en las pruebas de resistencia de obstáculos que ofrece la vida continuamente. Y ello sin resignación ni una gota de autocomplacencia. Es Sara Andrés, un ejemplo sin pretenderlo, una hermosa lección de vida.