Este domingo, Hungría no era un país más. Era el aliado que se disputaban Bruselas, Washington, Moscú, Kiev (y, en menor medida, también Pekín). Viktor Orbán, el hombre que se había convertido en un caballo de Troya de Rusia dentro de la Unión Europea, ha perdido las elecciones. Su rival ha ganado de calle y los húngaros le han dado a Magyar una mayoría aplastante.
Andrea Rizzi analiza qué lecciones políticas se pueden sacar de esta victoria de Magyar.