La DANA que sufrió la provincia de Valencia en 2024 nos debe llevar inevitablemente a plantearnos, por un lado, cómo nos protegemos de forma eficaz y rápida cuando llega un fenómeno meteorológico de esas dimensiones, pero también, y, no menos importante, a pensar de nuevo cómo y dónde construimos, para paliar en la medida de lo posible los devastadores efectos. La DANA dejó en evidencia todo lo que se había hecho y construido mal durante décadas, sin tener en cuenta las zonas inundables o las que podían serlo, pensando que esto, que ya nos ha pasado, nunca iba a suceder. Ahora, ya no tenemos excusa. Y la reconstrucción y la reactivación de la actividad son por supuesto, necesarias. Pero si no aprovechamos para hacer las cosas bien, más pronto que tarde, un fenómeno del mismo tipo, nos volverá a arrasar. Y ya sí que no tendremos ninguna excusa.